En el viejo cementerio del pueblo de Xicomotlán, vive don Julián, un señor al que no le gustaba la palabra “final”. Se le puede encontrar de día y de noche en la entrada del viejo cementerio, un lugar rodeado por una barda de cipreses que delimitan el terreno que lo comprenden.
Don Julián solía estar sentando en una banca de cemento junto a la reja negra que hacía de entrada principal, él era sencillo, vestía guaraches, una vieja guayabera blanca, un sobrero de paja y pantalón gris decolorado por el tiempo.
Todos los días se le veía día y noche en ese lugar mientras pulía su vieja y eterna compañera, como él llamaba a su vieja linterna de aceite que sostenía con una de sus manos y que ocupaba durante sus rondas nocturnas mientras hacía la velación rutinaria.
Don Julián además tenía la tarea de orientar a los despistados “vivos” y “muertos” que lo interrumpían de vez en vez para localizar cierto sector del cementerio, o ubicar las oficinas o alguna puerta alterna, pero también le explicaba a algunos curiosos sobre los secretos que guardan los cementerios.
Un día Guillermo, mientras visitaba a su abuelo en el viejo pueblo, decidió dar una vuelta para matar el tiempo, camino por las calles polvorientas del sencillo lugar hasta llegar al viejo cementerio.
Ahí se encontró con Don Julián, sentado donde siempre, Guillermo se acercó a la entrada, ya que la hilera de cipreses que rodeaban el cementerio no dejaba ver el interior, y mientras se acercaba Don Julián lo saludó y le dijo —”Buen día, joven, ¿anda perdido?”- Guillermo le contestó —”Todo bien, solo que me ha llamado la atención el lugar, tiene un toque distinto al resto de cementerios que he visitado”— Don Julián se le quedó viendo y le dijo: —”los cementerios no son terminales, sino ‘dormitorios'”— Guillermo se quedó pensativo, pues no entendía del todo lo que el Don Julián le quería decir.
—”No entiendo lo que me dice—”, respondió Guillermo con una expresión confundida —”Koimeterion del griego es el origen para la palabra cementerio, significa ‘dormitorio’ o ‘lugar de descanso’—, mientras soltaba una sonrisa y continuó —”no entiendo por qué mucha gente le tiene miedo a estos lugares, claro, he de decir que no siempre están en paz, pero la mayoría del tiempo así es, supongo que así debe ser”—.
“—Además—” continuó Julián con su explicación —”en un lugar donde se pernocta como cualquier habitación compartida, a veces, alguno ronca, otro se levanta sonámbulo, alguno tiene pesadillas o hay quien no puede conciliar el sueño.”—
Don Julián le explicó a Guillermo: “en las noches de luna clara, el cementerio cobraba vida. No era nada de terror como las películas o las viejas leyendas, sino una actividad cotidiana y sutil. Contaba que los cipreses que rodeaban el cementerio y que delimitaban algunas de la secciones del mismo no estaban ahí por casualidad o estética, sino —que según la tradición clásica guían a las almas hacia arriba— actuaban como antenas que captaban los susurros de quienes aún tenían algo que decir.”
Guillermo estaba sorprendido por todo lo que Julián le revelaba según él, —”aquí pasan muchas cosas, cosas que no te imaginas, he visto de todo, ya casi nada me sorprende, llevo más de 40 años, ya los conozco, ya los entiendo, ya hasta creo comprenderlos, a veces están de buenas y otras no”— decía mientras se acomodaba en la vieja banca de cemento —”ahí los veo pasar, a veces me saludan, a veces me hacen alguna travesura, luego oigo risas, a veces me amanecen ataúdes movidos o lápidas volteadas, no son maldiciones, solo quieren calmar sus tormentos, sus incomprensibles pensamientos, sus arrepentimientos o simplemente no aceptan que su estancia en el ‘dormitorio’ debe ser tranquila, no son maldiciones como mucha gente dice, aunque ya me cansé de explicarles, que cada quien piense lo que quiera, que le van a venir a decir y a enseñar a un viejo como yo que ha vivido media vida en este cementerio”— decía mientras se reía.
Guillermo estaba fascinado por la forma en como Julián le contaba las cosas, —”La gente cree que el silencio aquí es vacío”—, murmuraba el viejo mientras cerraba la pesada reja de hierro. —”Pero es el silencio de una biblioteca. Hay miles de historias guardadas en estantes de mármol, esperando a que alguien, aunque sea un viejo cuidador, las vuelva a leer en voz alta”—.
—”Nunca había oído tantas cosas sobre los cementerios”, dijo Guillermo y le preguntó al viejo Julián —”¿Qué me puedes decir del Día de Muertos…? Don Julián se quedó pensativo, le cambió un poco el rostro y dijo —”El Día de Muertos…?”, con una sonrisa —”ese día no se duerme, es fiesta por casi una semana, vienen y van, bailan, ríen, platican, comen, ellos…”— mientras miraba hacia las tumbas —”esa historia que te contaré otro día, ya es hora de descansar”— Guillermo no había notado que se había hecho de noche y que tenía que volver a casa del abuelo, pues habían pasado horas y seguro lo estaban buscando. Se despidió de Don Julián y entre risas le dijo —”espero volver, pero para seguir platicando…”—
Fecha: 05-02-2026 / 03:33
Ilustración: Generada por Gemini AI
Autor: Guillermo Camarena ∴
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