El pueblo de Skairshire se situaba era un valle tranquilo y pacífico, rodeado de montañas y verdes praderas. La gente del pueblo vivía sus vidas con normalidad, trabajando en sus granjas y tiendas, y disfrutando de la belleza natural que los rodeaba.
Pero un día, algo extraño sucedió. El cielo comenzó a oscurecerse como si una gran tormenta se avecinara, entre las montañas se vieron rayos que caían del cielo, sin embargo, estos rayos eran diferentes a los de una tormenta, colores nunca antes vistos en tormentas normales, tonos anaranjados, azules pálidos, violetas, rosas y verdes muy vistosos y más brillantes de lo normal, además se podía apreciar cierto patrón extraño y repetitivo en los mismos, así como ciertas líneas en la forma del rayo no convencional, la gente comenzó a espantarse y los ancianos sabios del pueblo no decían ni una sola palabra, solo se limitaban a observar en silencio y detenidamente.
La gente preguntaba si se trataba de una tormenta, muchas personas se alertaron al grado de ir a resguardar sus bienes como animales y ropa en sus casas, sin embargo, el ambiente se tornaba más extraño, no estaba característico que suele sentirse antes de una tormenta, además de que no se escuchaban los truenos característicos entre las nubes y rayos.
La gente del pueblo se reunió en la plaza principal, y pasaron los minutos, y al igual que las nubes y los rayos no se movieron de lugar, las nubes que habían oscurecido el cielo permanecían estáticas, junto con la ausencia del viento un silencio estremecedor reinaba en todo el valle. Las personas reflejaban en sus rostros, una mezcla de fascinación y miedo, no faltaron comentarios sobre el fin del mundo y castigo divino, lo cual solo provocó pánico entre algunos de los habitantes de la comunidad.
Los rayos continuaron cayendo durante media hora, y luego, tan repentinamente como habían comenzado, cesaron. La calma que siguió fue inquietante. La gente del pueblo se miró entre sí, preguntándose qué había pasado. Y entonces, los vieron.
Un grupo de personas, o al menos, eso parecían, venía caminando hacia la entrada principal del pueblo. Eran altos, delgados, con piel pálida y ojos que parecían absorber la luz. Sus ropas eran extrañas, como si pertenecieran a otra época y lugar. Caminaban en un silencio espectral, como si no tuvieran peso, no se escuchaba el clásico crujir de la tierra cuando se pisa en ella, no dejaban huellas, ni levantaban polvo. Sus miradas estaban perdidas hacia el suelo, todos iban en un solo paso, en una marcha perfecta y en absoluto silencio.
La gente del pueblo se quedó en silencio, mirando a los extraños seres que se acercaban. Por alguna razón, la gente no murmuró nada, nadie se atrevió a hablarles, solo se limitaron a observarlos desde sus casas o al lado del camino, era como si la gente entendiera que ese silencio no debía ser interrumpido. Sin embargo, un pequeño se acercó a uno de ellos y lo saludo, pero el individuo solo gestionó una especie de balbuceo ininteligible como respuesta.
Los seres no parecían tener prisa. Caminaban a un paso lento, como si estuvieran siguiendo una extraña orden. Atravesaron el pueblo, mirando a la gente con una expresión vacía de vez en cuando para regresar a su mirada perdida en el infinito.
Pero había algo extraño en sus movimientos. Era como si estuvieran siguiendo un patrón, como si estuvieran buscando algo. La gente del pueblo comenzó a sentirse incómoda, como si estuvieran siendo observados. Y así continuaron cruzando aproximadamente uno 30 individuos, todos parecían iguales, hasta que salieron del pueblo y se comenzaban a perder en la inmensidad del camino que llevaba hacia las montañas.
José uno de los ancianos más longevo de la comunidad, por fin habló y dijo: -hace muchos años el padre de mi abuelo nos contó una historia que describe algo parecido a lo que acaba de suceder, sin embargo, añadió que “los visitantes” como los llamaron en su momento, solían aparecerse cada determinado tiempo, pero no recuerdo nada más, pensé que era una historia para espantar a los niños, nunca creí verlo con mis propios ojos”- exclamó con una mezcal de incredulidad y asombro.
Un joven dibujante llamado Ghoest, intrigado por lo sucedido y con el espíritu aventurero e investigador, decidió seguir a los seres. Quería saber qué estaban buscando y por qué estaban en el pueblo, así como su relación con los extraños rayos que habían surgido antes de su llegada. Ghoest siguió a los seres a distancia, intentando no ser visto a través de las veredas y árboles que rodeaban el camino que seguían estos extraños visitantes.
A medida que los seguía, Ghoest notó que los seres parecían estar dejando un rastro de símbolos en el suelo. Los símbolos eran extraños y parecían estar hechos de una sustancia que brillaba en la oscuridad, sorprendido los observaba e intentaba reproducir en su viejo cuaderno de dibujo que cargaba a todos lados.
Ghoest siguió a los seres hasta que llegaron al borde de un río que se encontraba a 30 minutos de su pueblo. Allí, se detuvieron y se dieron la vuelta. Por un momento, Ghoest pensó que lo habían visto, y su corazón se aceleró, pero luego se dio cuenta de que estaban mirando algo detrás de él.
Se dio la vuelta y vio que el cielo estaba lleno de rayos nuevamente. Los rayos estaban cayendo en un patrón que parecía ser una especie de código. Ghoest se sintió abrumado por la complejidad del patrón y se tambaleó hacia atrás, no sabía que hacer, no tenía las fuerzas para correr.
Cuando miró hacia adelante de nuevo, los seres habían desaparecido. El lugar estaba en silencio, y el cielo estaba claro nuevamente. Ghoest se quedó allí, preguntándose qué había pasado. De repente, escuchó una voz que parecía venir del cielo, -No somos lo que parece-, dijo la voz. Ghoest se dio la vuelta, pero no había nadie allí, miró a todos lados y solo había árboles y montañas.
La voz parecía venir de todas partes y de ninguna parte al mismo tiempo. Ghoest se sintió un escalofrío recorrer su espalda mientras se daba cuenta de que no estaba solo. La voz habló de nuevo. “Somos mensajeros de un reino más allá del nuestro. Hemos venido a entregar un mensaje.”
Ghoest se sintió confundido y en un gesto de valentía logró preguntar: -¿Qué mensaje?-.
La voz respondió. “La realidad no es lo que parece. Hay mundos dentro de mundos, y la verdad está escondida en la oscuridad.”
De repente, todo se volvió negro. Cuando Ghoest abrió los ojos de nuevo, estaba recostado a un lado del camino, a escasos 20 metros de la entrada a su pueblo, la gente seguía sus vidas normalmente y ajena a lo que había sucedido.
Regresó a su casa y se puso a observar los extraños dibujos que había reproducido en su viejo cuaderno de dibujo, sorprendido paso horas intentando descifrar la serie de hechos que acababa de experimentar, sin embargo, no pudo hacer mucho y después de muchas horas, se limitó a escribir la última frase que escucho venir de la extraña voz: “La realidad no es lo que parece. Hay mundos dentro de mundos, y la verdad está escondida en la oscuridad.”, nunca más volvió a ver a estos extraños visitantes y el suceso le quedó como una anécdota que llevaría en su memoria hasta el último día de su vida.
Fecha: 03-02-2026 / 03:33
Ilustración: Generada por Meta AI
Autor: Guillermo Camarena ∴
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