= El verdadero Camino a Santiago =


Cuentos del autor/string(18) "Cuentos del autor/"
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  • Había una vez un peregrino llamado Guillermo que, tras llegar a la imponente Catedral de Santiago, sintió que su alma aún seguía sedienta, algo dentro de sí le quitaba la poca paz que lograba conciliar.

    Mientras las demás personas celebraban superficialmente, él observaba al astro rey “el Sol” como se hundía hacia el oeste, como si le hiciera una señal, algo dentro de él palpitaba como el sonido de unos tambores.

    Un anciano con una expresión que manifestaba una paz absoluta se encontraba sentado a un lado de la entrada principal del imponente edificio, descansando sobre un simple tapete tejido de fibras y un bastón viejo de madera liso y brillante por el tiempo de uso, le dijo en voz baja: -La mayoría cree que aquí termina el viaje, pero para el verdadero buscador, aquí es donde empieza el camino secreto-.

    El anciano le habló de la Vía Láctea, ese mapa de estrellas que los antiguos celtas y romanos seguían no para besar un santo, sino para alcanzar el Finis Terrae, el borde del mundo, con una sabiduría y una fluidez que sorprendieron a Guillermo, quien detenidamente se quedó escuchando atentamente cada una de las palabras que el viejo le recitaba.

    Guillermo decidió no regresar a casa. Espero la noche para observar detenidamente la Vía Láctea y una voz dentro de su cabeza le hizo seguir la estela de astros hacia el Pico Sacro, donde sintió que la tierra vibraba bajo sus botas, continuó su camino y descendió hasta las brumas de Noia. Cada vez que llegaba a un nuevo enclave, Memo entendía muchas cosas, como si el camino, los lugares, el ambiente y la atmósfera combinados con la bóveda celeste por las noches y el Sol opacado por las nubes por el día le fueran revelando verdades simples pero absolutas.

    Al llegar a Muxía, se encontró frente a las piedras gigantescas del santuario de la Virgen de la Barca, un lugar que muchas personas pasaban por alto, pero Memo al tocar la Pedra de Abalar, sintió un escalofrío que le recorrió el cuerpo y una fuerte conexión con el pasado. Se quedó pensando; no era solo roca, era memoria líquida de pueblos olvidados que adoraban el renacer del sol.

    Finalmente, alcanzó Finisterre. Allí, frente al océano embravecido y tocado por el Sol, quemó sus ropas viejas mientras el sol moría en el horizonte.

    Sentado en la playa mirando hacia el mar y viendo morir el Sol, comprendió que los pies recorren caminos con distintos nombres y denominaciones echas por hombres que algún día habían sentido y vivido lo que él acababa de vivir, pero cada quien a su modo, solo que esta vez, ese camino transitado se había convertido en algo más que suyo, había recorrido el camino interior, el verdadero camino del cual le había hablado el viejo anciano a las afueras de la catedral de Santiago.

    Ese camino que solo el espíritu puede transitar, el camino interior. Entendió que, como los antiguos iniciados, uno debe llegar a la tierra donde el sol muere para poder, resucitar como cada mañana y vencer a la oscuridad de la noche, así por fin, él resucitó por dentro. Comprendió que solo era el inicio de algo más grande y en lo que tenía que trabajar todo el resto de los días de su vida, y así como el Sol muere cada día para resucitar por la mañana, el camino interior es igual, se va forjando día con día, con la muerte y renacer hacia la creación de un hombre nuevo. Regresó a su hogar sin tesoros, pero con la mirada de quien ha visto el borde de la eternidad.

    Fecha: 06-02-2026 / 03:33
    Ilustración: Generada por Gemini AI
    Autor: Guillermo Camarena ∴

    = ACERCA DEL AUTOR =

    De día soy Maestro en Redes y Telecomunicaciones, Ingeniero en Sistemas Computacionales y Desarrollador Frontend e Investigador de Fenómenos Forteanos por la noche. 🧑🏻‍💻👾👽🛸
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