= Isla de Pascua: Emplazamiento de las más enigmáticas esculturas de piedra del mundo =


La isla de Pascua es uno de los lugares más aislados del mundo. Situada a más de 4.000 kilómetros de la masa terrestre más cercana (las costas de Perú y de Chile) y a 2.000 kilómetros de la isla más próxima, apenas tiene 25 kilómetros de punta a punta. Uno de los grandes misterios que envuelven esta isla es el origen de sus primeros habitantes y la forma en que llegaron hasta allí.

La isla de Pascua es un lugar árido con escasos árboles y sus tierras se hallan al pie de cráteres de volcanes apagados. Sin embargo, Bar en el pasado debió de ser algo menos inhóspito de lo que es ahora. Los análisis realizados sobre restos de polen ponen de manifiesto que en algún momento debió de haber palmeras en la isla y los habitantes posiblemente cultivaran boniatos, plátanos y caña de azúcar, productos llegados —probablemente, con los colonizadores primitivos— de Polinesia, al oeste de la isla.

En el siglo XVIII, cuando los primeros europeos descubrieron la isla de Pascua, hallaron los desoladores vestigios de una cultura antaño floreciente y quedaron sorprendidísimos ante las gigantescas e inquietantes cabezas de piedra, rematadas con enormes bloques a modo de tocado o moño, dispuestas en fila sobre plataformas de piedra, junto a la costa, mirando hacia el interior de la isla.

El hecho de que los indígenas hablaran una lengua prácticamente incomprensible hizo que los europeos apenas pudieran recabar información sobre su cultura; además, debido a la escasez de agua y alimentos, apenas suficientes para los nativos, los visitantes no podían permanecer demasiado tiempo en la isla. En el siglo XIX, la mayoría de los habitantes fueron trasladados a Perú como esclavos, pero casi todos murieron. Este hecho, además de ser harto vergonzoso, también es lamentable porque
Se perdió otra oportunidad de conocer las costumbres de los indígenas de la isla. Por tanto, es tarea de la arqueología tratar de reconstruir la historia de la cultura de la isla y descubrir la procedencia de sus habitantes, el modo de construcción y el significado de las estatuas, y el tipo de vida de sus gentes.

Las cabezas de piedra de la isla de Pascua eran alzadas alzadas sopiedra sobre su pedestal posiblementecon palancas. Una rampa de piedra protegia protegía unoo de los lados de la estatua у servía de base contra la cual hacer palanca El bloque de piedra a modo de tocado probablemente se atara con cuerdas antes de enderezar la estatua.
Las cabezas de piedra de la isla de Pascua eran alzadas sobre su pedestal posiblemente con palancas. Una rampa de piedra protegía uno de los lados de la estatua y servía de base contra la cual hacer palanca. El bloque de piedra a modo de tocado probablemente se atara con cuerdas antes de enderezar la estatua.

El desarrollo de una cultura

La fecha de llegada a la isla de los primeros colonizadores sigue siendo una incógnita. La primera fecha establecida por el método del carbono-14 se remonta al año 400 d. de C., lo cual sugiere que en aquella época ya estaba habitada. Los arqueólogos han dividido convencionalmente la historia de la isla en tres etapas a partir de esta fecha. En el periodo antiguo (400-1100) los habitantes construyeron terrazas ceremoniales de magnífica mampostería. Estas terrazas solían estar orientadas hacia levante, lo que podría indicar que los indígenas primitivos rendían culto al sol. Durante este periodo también se construyeron algunas estatuas, aunque no las que han hecho famosa a la isla, sino otras figuras de menor tamaño hechas con distintas clases de piedra.

Las plataformas ceremoniales escalonadas de piedra, llamadas ahu, fueron construidas en el periodo medio (1100-1680). La mayoría de ellas son antiguas terrazas ceremoniales convertidas. Las ahu sirven de pedestal a las estatuas de gran tamaño, de cabezas y orejas alargadas, talladas en una toba amarillo-verdosa, mientras que el bloque a modo de tocado es de toba roja. La mayoría de ellas miden entre 3 y 6 metros, si bien existe una de 10 metros y otra, inacabada, de 21 metros.

Durante el periodo reciente (1680-1868), la cultura de la isla decayó y su población decreció. Al principio se pensó que tuvo lugar una ruptura clara entre los dos primeros periodos con la invasión, o al menos la llegada, y la influencia de nuevos colonizadores. Pero ahora se piensa que la ruptura se produjo entre el segundo periodo y la etapa de decadencia.

Una de las mayores controversias respecto a la isla es el origen de los primeros colonizadores. Pudieron venir del oeste, procedentes de otras islas de la Polinesia, o del este, de Sudamérica. Existen ciertas semejanzas culturales entre la isla de Pascua y otras islas polinesias, mientras que Sudamérica está más lejos, tanto geográfica como culturalmente.

El gran defensor de la teoría sudamericana fue el arqueólogo noruego Thor Heyerdahl, quien recalcó la semejanza física entre las estatuas de larga cabeza de la isla de Pascua y algunos tipos étnicos sudamericanos. También señaló que la batata, cultivo muy extendido en la isla, es originaria de la región andina. En su opinión, la principal objeción que podía hacerse a esta teoría era la dificultad del viaje; pero en 1947 demostró que era posible zarpando él mismo desde Callao, puerto peruano, con su balsa Kon Tiki, construida con los materiales y técnicas que podrían haber utilizado los sudamericanos, hasta arribar a la isla de Pascua. Su travesía fue un éxito y, aunque no quedó duda de que era posible que otros lo hubieran hecho antes que él, tampoco constituía una prueba irrefutable

Pero es muy posible que alguna gente llegara a la isla procedente de Perú o Chile, en pequeñas expediciones, lo cual explicaría la presencia de la batata, la única planta que tuvo que venir del este y no debió de llegar a la isla por generación espontánea. Los estudios más recientes asistidos por ordenador han avanzado una interesante posibilidad. En cierta ocasión se llegó a pensar que la batata había llegado a la isla en algún barco a la deriva que hubiera perdido el rumbo. Pero el estudio de las corrientes ha demostrado que es imposible que un barco a la deriva llegue a la isla de Pascua. Ello nos induce a pensar que hubo un viaje, y deliberado, aunque sus protagonistas no fueran la fuerza invasora sugerida por Heyerdahl.

Las estatuas

Los habitantes de la isla de Pascua erigieron unas de las esculturas megalíticas más famosas del mundo. Afortunadamente, abandonaron las obras de construcción de las estatuas en un estado que nos permite conocer los métodos de trabajo que empleaban. Dejaron tras de sí muchas estatuas a medio acabar en varias canteras, situadas en Rano Raraku, un volcán extinto que se halla en la punta oriental de la isla. Los canteros utilizaban tobas talladas en la ladera del volcán y prácticamente terminaban las estatuas en la misma cantera. Realizaban las tallas con herramientas de piedra, con las que esculpían los rasgos laterales y frontales de la cabeza. Poco a poco, una enorme cabeza surgía de la roca y el cantero iba trabajando la parte posterior de la figura hasta dejar la estatua unida a la roca únicamente por una delgada franja. Entonces se colocaban postes de madera maciza en la boca del cráter, atados con resistentes sogas, que utilizaban para deslizar la estatua por la ladera del volcán hasta una explanada situada algo más abajo, donde se reunían todas las estatuas para darles los últimos retoques antes de llevarlas a su ahu. Entretanto, se preparaban los tocados de piedra con toba de color rojo de otro volcán, el Puna Pau, al oeste de la isla. Entre las dos canteras y las distintas ahu de la isla existía una red de pistas.

¿Cómo se acarreaban aquellas pesadas piedras desde la cantera hasta las ahu? En la isla no existían vehículos de ruedas, por lo que el medio de transporte más probable habrá sido el rodillo arrastrado por hombres; transportando la estatua de esta forma, se aseguraba que su superficie no se dañara. Otro problema sería poner la estatua en posición vertical encima de la ahu. William Mulloy, experto en la materia, sugiere que posiblemente construirían una rampa de piedra frente a la ahu, desde la cual poder alzar la estatua haciendo palanca. Para evitar el problema de elevar el bloque a modo de tocado hasta lo alto de la cabeza de la estatua, probablemente se atara a la cabeza con una cuerda antes de alzarla. Una vez en pie, se desmontaba la rampa y se soltaba la cuerda, y ya solo quedaba decorar las figuras, introduciendo coral blanco y tobas rojas en los ojos. ¿Cuál era el significado de estas estatuas? Los habitantes de la isla informaron al capitán James Cook, que arribó a estas costas en el siglo XVIII, de que cada estatua tenía un nombre.

Talla que representa una balsa y una mujercon un pez, hallada en una de las cuevas de la isla.
Talla que representa una balsa y una mujer con un pez, hallada en una de las cuevas de la isla.

Estos nombres a menudo incluían la palabra ariki, que significa dios o rey. Más recientemente, los nativos contaron a los visitantes que cada vez que un rey moría, se erigía una estatua, a la que se daba el nombre de ese rey. El culto a los antepasados es una práctica común en otras islas de esta parte del Pacífico, por lo que es muy posible que también existiera en la isla de Pascua.

Los habitantes en su isla

Los hallazgos realizados en la isla de Pascua indican que se trataba de un pueblo autosuficiente, cuyo sustento era la pesca y una agricultura elemental. Fabricaban anzuelos de piedra y hueso, utilizaban cuencos de piedra para comer, talaban árboles y tallaban la madera con azadas de piedra, y utilizaban cuchillos de obsidiana y de basalto. No se han encontrado piezas de alfarería, argumento en contra de su origen sudamericano, pues en la región andina esta artesanía estaba muy desarrollada.

Los primeros exploradores que llegaron a la isla de Pascua quedaron sorprendidos ante el escaso número de casas que vieron, a pesar de la abundante población que salía a recibirlos. Ello se debe, principalmente, a que, en la época de la decadencia de su cultura, muchos isleños vivían bajo tierra, mientras que los demás habitaban en cabañas fabricadas con postes de madera unidos con material vegetal y con tejados de paja.

Pero no siempre habitaron en este tipo de viviendas. Hay vestigios de casas de piedra, circulares, elípticas o en forma de barco. Los arqueólogos no se habían interesado demasiado por aquellas casas hasta la importante expedición de Thor Heyerdahl a la isla en 1955. El equipo de Heyerdahl las estudió y llegó a la conclusión de que debían corresponder al periodo medio. Estas casas poseían paredes de piedra gruesas y bajas (algo más de un metro), un alto tejado de paja y unas puertas de entrada que atravesaban el tejado

En la isla se ha encontrado también otro tipo de construcción en piedra: pequeñas torres llamadas tupa, hechas con distintos tipos de piedra y con un tejado redondo. Parece que la piedra utilizada procede de las ruinas de casas más antiguas, lo que ha inducido a los arqueólogos a pensar que las tupas corresponden al periodo reciente. Se ignora cuál era su función. No debían de ser viviendas, pues se hallan en lugares dispersos de la costa. Tal vez serían refugios de pescadores o torres vigía, aunque es poco probable, pues apenas ofrecen mejor vista del mar que los terrenos adyacentes

Desconocemos por completo la estructura jerárquica y la organización social de la isla de Pascua durante la época de construcción de las estatuas. Algunos arqueólogos señalan las divisiones territoriales existentes en el siglo XVIII, cuando Cook llegó a la isla. Esta estaba dividida en tres sectores independientes, cada uno de los cuales contaba con un jefe, una determinada porción de costa y de tierra interior, y su propio ahu. Era un sistema en el que la religión representaba el poder y el jefe cuya ahu fuera mayor sería la persona más influyente de la isla. Es posible que estas divisiones del siglo XVIII ya existieran en el periodo medio. Sin embargo, otros especialistas, aduciendo la semejanza de las estatuas en las distintas partes de la isla y observando que la piedra en la que se tallaron procede de la misma cantera, opinan que la isla estaba dirigida por un solo jefe. Esta interpretación parece más plausible, pues no es muy probable que la población en cuyo territorio se hallaba la cantera de la que se conseguía un material tan valioso permitiera el acceso a la misma de su rival.

Un estilo de vida precario

Los habitantes de la isla de Pascua del periodo medio vivían de forma precaria. En cuanto empezó a escasear la limitada reserva de madera, utilizada para la construcción de tejados y para acarrear y levantar las estatuas, la vida ceremonial de la isla no pudo seguir su curso. Además, para construir monumentos de esta envergadura era preciso contar con una poderosa autoridad central. Era un trabajo muy laborioso y era preciso controlar a los obreros. Se ha calculado, a título de ejemplo, el tiempo y la mano de obra necesaria para dejar la mayor de las estatuas colocada en su ahu: 30 hombres durante un año para tallarla, 90 hombres durante cinco meses para arrastrarla desde la cantera hasta el ahu y ponerla en pie. De las 600 estatuas que quedan en la isla, 450 ya estaban en su sitio cuando se suspendieron los trabajos en la cantera. Fue una tarea impresionante para una población de unos cuantos miles de personas.

Un estilo de vida precario.
Un estilo de vida precario.

Un problema como la escasez de madera —o de alimentos— podía interrumpir aquel trabajo. Pero la realidad, probablemente, fue aún más cruda. Según la tradición, desde el siglo XVII fueron muy frecuentes las luchas tribales en la isla, hecho que confirman vestigios arqueológicos como las numerosas puntas de lanza halladas de aquella época. Se piensa que dos facciones, los «orejas largas» y los «orejas cortas», estuvieron enfrentadas durante décadas, lo que provocó la interrupción de la construcción de estatuas y de casas de piedra, por lo que la mayor parte de los habitantes comenzaron a cobijarse en cuevas o viviendas improvisadas. La mayoría de las grandes estatuas fueron derribadas y muchas de las ahu se convirtieron en tumbas de los que morían en combate.

Otros descubrimientos vinieron a arrojar algo de luz sobre la historia más reciente de la isla de Pascua. En el siglo XIX se hallaron unas tablillas de madera con unas inscripciones de grafía desconocida llamada rongo rongo. Nadie ha sido capaz de descifrarlas y los últimos habitantes de la isla que tal vez conocieron estos glifos fueron deportados a Perú como esclavos antes de que los arqueólogos descubrieran las tablillas. Al parecer, son del periodo reciente, por lo que apenas guardaban relación con el primitivo culto de las estatuas. Sin embargo, parece probable que tuvieran algún significado ritual y que sus inscripciones sean salmos.

Pero ¿para qué tipo de religión se entonaban aquellos salmos? Podría haber sido el culto al pájaro, practicado en Orongo, en la punta suroeste de la isla. Orongo era un pueblo de unas 50 casas de piedra construidas a principios del siglo XVI. A escasa distancia de la costa de Orongo se halla una pequeña isla llamada Motu Nui, en cuyos acantilados aparecen numerosas figuras talladas en la roca, que representan hombres con cabeza de pájaro, algunos de los cuales sostienen huevos. Según la tradición de la isla, los jefes de las principales tribus se reunían todos los años en Orongo. Cada uno de estos hombres enviaba a un criado a nado a la isla de Motu Nui, en la que debía esperar a que los gaviotines engolondrinados, aves migratorias, llegaran y pusieran sus huevos. El amo del primer criado que encontraba un huevo era honrado durante el resto del año.

Como muchos de los lugares descritos en el presente libro, la isla de Pascua plantea numerosas preguntas a las que resulta difícil responder con toda seguridad. El misterio que rodea esta isla se acentúa por el hecho de estar tan aislado, tan fuera de las rutas de la mayoría de los turistas, a excepción de los más aventureros. Para entender sus monumentos, debemos plantearnos una pregunta elemental: ¿en qué forma responde un pueblo determinado a su entorno y a sus necesidades espirituales específicas? Es lo que debemos preguntarnos respecto de cualquier lugar que queramos entender, ya sea un lugar remoto o cercano, misterioso o cotidiano.


Referencias

  • INGPEN, ROBERT, WLKSON PHILIP, (1982), ENCICLOPEDIA DE LOS LUGARES MÍSTICOS, ISLA DE PASCUA: Emplazamiento de las más enigmáticas esculturas de piedra del mundo, PÁGS. (241-245), ESPAÑA, ANAYA EDITORES.

= Acerca del autor =

De día soy Maestro en Redes y Telecomunicaciones, Ingeniero en Sistemas Computacionales y Desarrollador Frontend e Investigador de Fenómenos Forteanos por la noche. 🧑🏻‍💻👾👽🛸

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