Un día la revista norteamericana Official UFO fue «asaltada» por tres hombres que vestían trajes oscuros. Buscaban material confidencial y casi dejan sin vida a un hombre en su intento. Veamos cómo relatan el episodio los directores de Official UFO:
«Al igual que mucha gente, nosotros tampoco creíamos en aquellas historias escalofriantes en las que se habla de organizaciones secretas que no obedecen a ningún gobierno conocido y cuyas intenciones suelen ser destructoras. Hasta ese momento creíamos que la gente suele echar a volar su imaginación y crear personajes cuya realidad es nula, pues son producto de la fantasía.
Pero algo nos ocurrió. Aquellos a quienes se llama H. d. N. (Hombres de Negro) nos ´visitaron´ personalmente y robaron nuestro archivo secreto: ahí realmente comenzamos a creer en todas aquellas extrañas historias que circulan en toda la extensión de nuestro territorio.
Eran las seis de la tarde, nuestras oficinas ya estaban cerradas y la gente se había retirado, a excepción del editor, Jeff Goodman, quien se había quedado trabajando hasta tarde en un proyecto especial. Sonó el teléfono; desde el otro lado de la línea un hombre habló con voz profunda; decía: ‘Por su seguridad personal le hago esta advertencia: no indague demasiado a fondo en lo que usted denomina fenómeno OVNI. Evidentemente, usted desconoce la profunda seriedad de lo que investiga. El precio que puede usted llegar a pagar por sus indiscreciones dentro de este campo es mucho más tremendo de lo que imagina’. No dijo más; un ligero clic indicó que mi interlocutor había dado por finalizada la comunicación. ‘Una patraña más —pensé— de las tantas que ocurren a diario en la redacción’. Fui escéptico, no creí en esta amenaza. Actualmente, puedo decir que ser demasiado escéptico puede resultar muy peligroso.
A partir de esa llamada comenzaron una serie de acontecimientos que pusieron a prueba el sistema nervioso de nuestro grupo de trabajo. Todos notamos ligeros cambios en la redacción. Los teléfonos sonaban sin que nadie respondiera al levantar el auricular. De pronto emitían ruidos sordos, sin motivo aparente; el tono de marcar a veces cambiaba por un molesto zumbido. Pensamos que habrían sido intervenidos. Nuestro editor asociado, Charles Cowley, dijo que había reparado durante varios días consecutivos en un automóvil sedán negro estacionado frente a su residencia de Long Island. Luego de dos semanas de silencioso estacionamiento, el coche había desaparecido misteriosamente.
A la vez, el mismo coche que estaba estacionado frente a la casa del editor asociado había sido visto estacionado, pero… frente a las oficinas de la revista Official UFO, en pleno Nueva York.
Cuando Cowley advirtió algo tan insólito como esto, algo así como un caso de bilocación, pensó que estaría sufriendo algún ataque de paranoia debido al exceso de trabajo; pero luego se dio cuenta de que todo lo que él no había querido hacer era enfrentarse con la verdad, la realidad total y absoluta. La llamada telefónica había sido efectuada con la finalidad de hacernos una advertencia, y la amenaza se estaba cumpliendo; nosotros éramos continuamente vigilados y esa vigilancia se encontraba a cargo de personas que pertenecían a una organización muy bien equipada e informada, puesto que sabían quiénes éramos cada uno de los que formábamos el grupo de trabajo del Official UFO. Asimismo, sabían a qué lugares llamarnos a diferentes horas del día o de la noche; conocían perfectamente a qué tipo de información teníamos acceso.
Durante el transcurso de estos acontecimientos ocurrió algo interesantísimo. La sección Departamento de Arte de nuestra revista había tomado en esos días a un nuevo asistente. Su nombre era Ron, su apellido era muy difícil, al punto que jamás logramos recordarlo. Ninguno de nosotros, en un principio, notó algo extraño en él. Parecía ser un buen compañero de tareas; nada en él daba lugar a sospechas. Era de altura mediana, delgado, pelo rubio, ojos grises verdosos; su voz era agradablemente profunda. No hablaba mucho con nadie, pero cuando lo hacía demostraba poseer una información muy completa sobre la temática OVNI; naturalmente, esto no llamaba nuestra atención, pues todo el personal de la editorial conocía e inclusive era aficionado al tema.
Lo que nos resultó harto extraño fue que el tal Ron tenía acceso a información secreta dentro de la editorial. Dos de los miembros del grupo de la redacción notaron en él extrañas actitudes cuando tenía que actuar social y no laboralmente. He aquí un ejemplo: una vez salió a almorzar con una de las secretarias de redacción; cuando llegó el momento de comenzar a comer, dio muestras evidentes de no saber usar los cubiertos; luego cambió de opinión y pidió un sándwich; lo comió con las manos. La secretaria le preguntó qué le ocurría; él no respondió, pero la miró de una forma glacial.
Al día siguiente de este incidente, el editor Cowley recibió desde su despacho otro mensaje telefónico. La misma voz grave de la vez anterior. Sus palabras fueron: ‘Escuche con atención. Usted no se imagina cuán cerca de usted se encuentra la muerte. Se le advirtió por su propio beneficio. Usted está siendo vigilado. Todo movimiento es cuidadosamente monitorizado. Tenga cuidado, pues tiene usted en su poder unas fotografías tomadas por un fotógrafo de la editorial que son extremadamente secretas. Si llega a publicarlas, sería un suicida’. Luego hubo un silencio prolongado y el conocido clic.
Cowley quedó estupefacto; sus manos temblaban cuando colgó el receptor. Ignoraba de qué fotografías se le estaba hablando. Muy pronto lo supo; uno de los fotógrafos independientes de nuestra editorial, sin proponérselo, había logrado fotografiar una extraña figura humanoide que parecía ser de aire, por lo transparente; detrás de esa forma y suspendida en el aire aparecía una forma oval, plateada. La foto fue casual; él había ido a tomarle una a un médico psiquiatra que estaba atendiendo a una persona que decía haber tenido un encuentro con seres extraterrestres y se pensaba en una alucinación, pero cuando estaba llegando a la casa del profesional en Petulie (Ohio), vio lo que acabo de narrar.
El fotógrafo Jack Blakekey fue llamado a nuestras oficinas, acudió con las fotos en cuestión, todos las vimos, de inmediato las guardamos en la caja fuerte, que es donde se encuentra el archivo confidencial; luego nos fuimos a nuestras respectivas casas.
Al día siguiente nos encontramos con una gran sorpresa. Tres hombres vistiendo trajes oscuros y gafas de sol irrumpieron en la redacción; se dirigieron al despacho del editor.
Le preguntaron dónde las había guardado. Jeffrey Goodman aparentó no saber de qué le hablaban. Solo uno de ellos hablaba. ‘Usted sabe muy bien a qué me refiero’, y comenzó a empujar suavemente, pero en forma firme a Goodman hacia el enorme ventanal, en el piso 12 sobre Park Avenue. ‘Si no me dice dónde están las fotos, en dos minutos ya no estará vivo; cada segundo lo acerca más y más a su propia muerte’. Sus cómplices lo revolvían todo, destrozaban, forzaban cerraduras. Nosotros, junto al editor asociado Jack Cowley, tratábamos de abrir la puerta en vano; estaba muy bien asegurada. De pronto, silencio total; solo escuchamos: ‘Usted, Mr. Goodman, es un tipo de suerte’. Habían encontrado las fotografías comprometedoras. Luego se retiraron como habían llegado, ignorando a todo el mundo. Extrañamente, la Policía, que había sido llamada en el instante en que los “Hombres de Negro” irrumpieron en nuestras oficinas, apareció cuando ellos ya habían desaparecido.
La sospecha de quién puede ser esta gente no da lugar a muchas suposiciones; evidentemente, el Pentágono acoge en su seno a una organización no solo formada por seres humanos, sino también humanoides.»
Hasta aquí el relato de uno de los integrantes del grupo de redacción del Official UFO; este mismo artículo fue publicado en la edición de enero de 1978 por la revista en cuestión.
Evidentemente, y luego de lo expuesto, no cabe duda de que una organización paragubernamental actúa a escala mundial oprimiendo y amenazando a todo aquel que se arriesga a develar misterios que nos darían la pauta de muchos orígenes desconocidos de nuestro planeta.
La CIA conoce la existencia de los «Hombres de Negro»; sin embargo, y contrariamente a lo que se cree, no alberga en su seno a esta organización.
Referencias
- ZERPA, FABIO, (1997), LOS VERDADEROS HOMBRES DE NEGRO, INCIDENTES EN EL MUNDO/CASO REVISTA OFFICIAL UFO, ARGENTINA, EDICIONES FLORENTINA.
- IMAGEN GENERADA CON IA NANO BANANA 2.
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