Nota: Esta publicación está basada en experiencias personales del autor, en parte en teorías, pensamientos y opiniones propias discutibles. No se pretende dar por válido ningún argumento, sino invitar al lector a comparar sus experiencias personales y alentar a que se haga preguntas y busque posibles respuestas a los fenómenos planteados.
El síndrome del tercer hombre, también conocido como el factor del tercer hombre, es un fenómeno psicológico donde una persona en una situación extrema de supervivencia siente la presencia de un compañero invisible que le brinda consuelo, consejos prácticos o dirección para salvar su vida.
¿Será solo un mecanismo de defensa psicológico? ¿O será una entidad espiritual?
Los neurólogos siguen estudiando el fenómeno, psicólogos también, pero ninguno de ellos ha resuelto el misterio; creo que sigue siendo inexplicable.
Debo destacar que el cuerpo humano se comporta de maneras sorprendentes cuando es sometido a situaciones extremas como supervivencia, estrés, etc. Es bien sabido en la literatura médica que existen casos documentados de personas que, bajo estrés extremo, han liberado adrenalina a sus límites, que les permiten tener fuerza sobrehumana por unos segundos, o supereflejos, pudiendo salvar la vida o salir de alguna situación que por lo general es de vida o muerte.
También he de mencionar algo que a muchas personas les ha pasado y es la sensación de sentir que se siente uno observado cuando nos encontramos en algún lugar en solitario; es como si por momentos nuestra percepción aumentara o se nos habilitaran ciertos mecanismos relacionados con lo que llaman percepción extrasensorial.
Algunos casos famosos documentados
Este fenómeno ha sido reportado por décadas por alpinistas, náufragos, exploradores polares y sobrevivientes de traumas.
- Ernest Shackleton: En 1916, durante su famosa y angustiosa expedición a la Antártida, el explorador y sus dos compañeros sintieron constantemente que había una cuarta persona caminando con ellos para ayudarlos a llegar a una estación segura.
- Frank Smythe: En 1933, mientras intentaba escalar el Everest en solitario, sintió una presencia tan real a su lado que sacó un pedazo de pastel de su bolsillo y se dio la vuelta para ofrecérselo antes de recordar que estaba completamente solo.
- Sobrevivientes del 11 de septiembre: Varias personas atrapadas en las Torres Gemelas informaron haber sentido una presencia o una voz que les decía exactamente qué escaleras tomar o hacia dónde correr para salvarse.
¿Qué dice la ciencia?
Lejos de ser considerado un evento puramente paranormal, la ciencia lo interpreta como un mecanismo de supervivencia extremo del cerebro humano:
- Fallo de geolocalización cerebral: El lóbulo parietal del cerebro (encargado de procesar nuestro sentido del espacio y los límites de nuestro propio cuerpo) puede fallar debido al agotamiento, la falta de oxígeno (hipoxia), el frío o el aislamiento sensorial. Esto provoca que el cerebro proyecte la sensación de nuestro propio cuerpo fuera de nosotros, percibiéndola como alguien más.
- Estrategia de resiliencia: Bajo un estrés insoportable, la mente genera este “compañero interior” para evitar que la persona caiga en la desesperación absoluta, obligándola de manera inconsciente a mantenerse en movimiento y con vida.
Mi reflexión final
Como ya he comentado en reiteradas ocasiones en otros artículos y reflexiones en este mismo sitio sobre el desconocimiento acerca de los poderosos psíquicos que el ser humano tiene, pienso que esta manifestación catalogada como síndrome tiene su origen profundo en la psique humana; además, desconocemos muchos mecanismos naturales que son activados solamente en ciertas situaciones, como es el caso del alto estrés o supervivencia.
En lo personal, yo he sufrido este tipo de “fenómeno” cuando era pequeño; a unos 12 años aproximadamente, pude percibir en mi habitación por la noche una “entidad de luz” que apareció en la puerta, caminó hacia mi cama y se sentó a un lado de mí. Fue real, claro que sí, porque la cama rechinó y el colchón se hundió, además de que, por el pánico que me provocó en su momento, no quería ni respirar y tenía el estómago hundido. En la actualidad, sé por mis investigaciones que no soy la única persona que ha vivido este tipo de situaciones; sin embargo, no a todos les ha sucedido o, como me comentó un “maestro-amigo” en su momento, no todos tenemos la capacidad de percibir ciertas cosas.
No tienes remedio,
Sientes demasiado,
Percibes la lluvia,
Pero antes de que caiga.
Si alguien te molesta,
Por ser diferente,
Dales paciencia,
Ellos son todos iguales. – No hay mal que duré, Aztlán 2018, ZOÉ
Con esto no digo ni descarto que pueda existir una parte espiritual, pero no me refiero a la aparición de ángeles de la guarda o entidades divinas que vienen a nuestro rescate, mas bien, considero que esos estados a los que se somente el ser humano en ciertas situaciones extremas, desencadenan ciertas funciones ocultas en lo profundo de nuestro cerebro, algo parecido a lo que sucede cuando las personas entran estado alterados de consciencia como el éxtasis, por ejemplo; donde ha sido documentado en algunos rituales que los chamanes, curanderos, etc., al bailar con ciertas frecuencias en música de tambores y sumándo ciertos elementos como fumar, ingerir o repetir ciertas palabras, entran en un estado alterado que les permite interactuár con “otro mundo” o mejor dicho ver el otro mundo que coexiste con el nuestro, además de realizar proesas como levitación, movimientos musculares imposibles, cambios en el rostro, ojos, el habla, etc.
Para finalizar, considero que la clave está dentro de nuestro cerebro, el cual siempre he dicho que tiene una capacidad inmensa, pero que por alguna extraña razón nos ha sido limitada, pero que en ciertas situaciones provocadas o circunstanciales se activan y nos dejan experimentar cosas y situaciones sorprendentes. Como ejemplo de esto último podría mencionar a las personas que por un golpe en la cabeza desarrollan alguna habilidad nunca antes practicada, como idioma, música, matemáticas, etc.
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