= ¡Tres Jóvenes Viajaron en un Platillo! =


Nota: Esta publicación es un extracto del periódico “Diario, Novedades de la tarde” y el libro “OVNIS vistos en México)” de los autores Alfonso Salazar Mendoza, Carlos Alberto Guzmán Rojas (ver referencias)

 

Conocido como caso Zacatenco, caso Politécnico de 1965 o de los hermanos Rodríguez Díaz, el miércoles 11 de julio de 1965, cuántos minutos después de las 0 horas, tres jóvenes mexicanos menores de diecisiete años vivieron la más singular y estremecedora aventura que pueda ocurrirle a un ser humano, y cuyo relato completo ofrecen hoy por primera vez a la prensa.

Las características de esta inquietante experiencia que desborda la más exaltada fantasía entrañan, desde luego, un peligro: pueden ser admitidas como verosímiles dentro de un criterio racional y conforme a la exigencia de la presentación de pruebas tangibles y evidentes que fuesen capaces de borrar cualquier duda sobre el relato.

Sin embargo, esta misma delirante fantasía inclina a pensar al observador imparcial que ninguno de los tres muchachos, uno por uno, o los tres puestos de acuerdo, pudieron haber sido capaces de inventar tan extraordinaria narración, a menos que les consideremos con el poder narrativo de un Edgar Allan Poe o de un Ray Bradbury.

Ninguno de ellos tiene una preparación cultural y literaria. Desconocen las historias de ciencia ficción y sus lecturas se reducen —según su propia confesión y la de sus familiares— a dos o tres obras clásicas que los obligaron a leer en la escuela y a sus libros de texto.

Por lo demás, la impresión que nos dieron (los tres) al darnos la versión de su aventura es la de que recordaban imágenes visuales, es decir, formas, estructuras, pesos, dimensiones, materiales, colores, proporciones y volúmenes, características que no es posible retener con la simple lectura ni aun en los casos de que esta se haga con un gran cuidado.

Paio Rodríguez Díaz, de 17 años de edad; Iago Rodríguez Díaz, de 19, y Jorge Rueda Navarro, de 19 también, afirman que vieron descender un platillo volador, que fueron llevados a él por sus tripulantes y que más tarde visitaron una imponente nave nodriza del espacio.

Nosotros deseamos informar objetivamente a nuestros lectores de tan sensacional versión. Lo creemos nuestro deber y dejamos a su discreción el juicio que se formen de ella. Nosotros nos limitaremos a exponer lo más literalmente que nos sea posible lo dicho por los actores de esta fantástica aventura.

Paio Rodríguez Díaz, es el más jóven de los tres. Reposado, dueño de sí mismo.

Paio Rodríguez Díaz, es el más jóven de los tres. Reposado, dueño de sí mismo.
Jorge Rueda Navarro, el más inquieto, probablemente el que sufrió mayor impresión.

Jorge Rueda Navarro, el más inquieto, probablemente el que sufrió mayor impresión.
Iago Rodríguez Díaz, es un muchacho rubio inteligente, de temperamento vivo.

Iago Rodríguez Díaz, es un muchacho rubio inteligente, de temperamento vivo.

Los estudiantes informaron que el miércoles 11 de julio de 1965, a las 0:15 horas, transitaban en su automóvil en las inmediaciones del Instituto Politécnico Nacional (IPN), en el Casco de Santo Tomás, escuchando la radio.

De repente percibieron un ruido en el motor, la radio dejó de transmitir y sus relojes se detuvieron. Al mismo tiempo, las luces de la calle se apagaron. Jorge bajó del auto, abrió el cofre para tratar de ubicar el extraño ruido, pero, instantáneamente, se vieron rodeados de una increíble claridad. Llenos de asombro y miedo, vieron a corta distancia de donde estaban un enorme “aparato luminoso”, posado sobre el terreno con tres “patas gigantescas”.

Calcularon que las dimensiones del objeto eran de unos 20 m de diámetro y 20 m de altura. Parecía estar hecho de aluminio. Lucía muy brillante y pulido, y estaba completamente iluminado. No vieron focos o tubos que pudieran ser los emisores de luz.

Describieron al objeto como “dos platos superpuestos y en la parte superior se podía ver una doble cúpula.”

Asombrados, vieron aparecer un ser en lo alto del objeto; el tripulante del platillo pareció esfumarse. Los tres jovencitos vieron deslizarse por la parte de la base un ancho tubo que no tocaba el suelo. Luego se abrió una escotilla y apareció una persona. No pudieron resistir más y desmayaron.

En la sala de la casa de la familia Rodríguez Díaz, los muchachos revisan el esquema realizado por ellos mismos del platillo volador que vieron en las inmediaciones del Politécnico.

Los muchachos revisando el esquema hecho por ellos mismos.

Los muchachos revisando el esquema hecho por ellos mismos.

En el interior de un Platívolo

Cuando recobraron el conocimiento, se encontraron en el interior del platívolo en un recinto que tendría 3 por 3 metros. Cerca de ellos se encontraba uno de los tripulantes, personaje de más de 2 metros de altura y cuyas características físicas y de indumentaria daremos más adelante. Los tres jóvenes se detuvieron ante unas planchas metálicas sumamente brillantes, pero que no los reflejaban. Las paredes de aquella cámara eran perfectamente lisas y parecían cromadas. Una claridad como la del día irradiaba de ellas. De pronto escucharon una voz. Recuerdan que esa voz y las que escucharon después semejaban a las de una cinta magnética que resonara en el interior de sus cerebros. Aquella vibración les indicaba que no tuvieran temor. Las planchas metálicas frente a las que se encontraban, decía la voz, servían para esterilizarlos. Los virus de la Tierra resultaban mortales para los tripulantes del plativolo.

Al través del mismo extraño medio de comunicación telepática, se les invitó a pasar por un pasillo y pronto estuvieron en otra cámara en la que estaba instalada una máquina cuya forma recordaba a las de las calabazas. Su color era rojo. Junto a ella había otro aparato igual, pero más pequeño. Les explicaron que el primero era para eliminar el radar terrestre y el otro para negativizar la luz del platillo y hacerlo invisible.

La visita continúa; ahora se encontraban en un compartimiento revestido de armazones que parecían un panal de abejas, aunque estas celdillas no eran hexagonales, sino cuadradas. De cada celda se desprendía una luz. Dece hombres, tal vez quince de igual estatura que su acompañante, permanecían con los brazos cruzados frente a estas celdillas que parpadeaban y se encendían con distintos colores según estos levantaran o abatieran la vista.

Tuvieron ocasión de observar otro de los departamentos del plativolo, el cual les llamó la atención porque su pisa era ondulado. Se les indicó por medio de la voz interior que debajo de aquellas ondulaciones se encontraban las máquinas endotérmicas que movían el artefacto.

De pronto fueron prevenidos con una enérgica llamada de atención: ¡Sujétense! Luego sintieron un jalón (como de elevador). Se les ordenó bajar por un tubo y, a través de una compuerta, se vieron de pronto en la parte inferior del plativolo. Habían entrado al interior de una nave mayor cuyas dimensiones eran realmente colosales.

El increíble barco cósmico

El vientre de aquel construo era inmenso. En su interior estaban estacionados, en forma de corazón, un número de discos voladores que ellos calcularon en 300 o 400. Las paredes lisas y luminosas de la estructura se prolongaban interminablemente a un grado que ellos no podían percibir en dónde terminaban.

Una multitud de seres, que no serían menos de tres mil, animaba la escena. Uno de los jóvenes dice que parecía un día de plaza, pero que a diferencia de esta no había en ella ni mujeres ni niños. Eran todos hombres que se encontraban dedicados a diferentes ocupaciones. Les llamó la atención la labor de unos hombres que manejaban instrumentos que podían compararse con las bazucas que nosotros conocemos y que maniobraban con ellas haciendo movimientos de arriba hacia abajo y viceversa.

El espectáculo que se ofrecía a su vista resultaba maravilloso. Aquella multitud de seres se desenvolvía en medio de un silencio absoluto que contrastaba con su gran actividad. Todos llevaban vestidos de diferentes colores que parecían distinguirlos de acuerdo con sus ocupaciones y jerarquías.

Aquellos colores llamaron la atención de los jóvenes aventureros. No eran exactamente los tonos que nosotros conocemos. Sus ma-matices verdiazules, los rojos-violetas, los carmines y cafés amarillentos con reflejos metálicos tenían algo irreal, desconocido, que les impresionaba agudamente.

¿Dónde estaba la nave? ¿Se encontraba estacionada o suspendida en el espacio o viajaba por las infinitas soledades del cosmos?

No lo llegaron a saber. Seguían como autómatas a su guía. Sus movimientos obedecían a una fuerza externa o irresistible y caminaban tras de él. Nadie se sorprendía de su presencia ni parecía tomarlos en cuenta. Ni el mismo formidable astronauta que los guiaba parecía concederles una atención excesiva. Caminaba cerca de ellos y de vez en vez les transmitía una orden o les daba una explicación sobre lo que veían.

Cómo era su extraño guía

Los tres muchachos describen a su guía de la siguiente manera. Se trataba de un personaje de elevada estatura, aproximadamente dos metros, una larga cabellera de color platinado ceniciento echada ligeramente hacia atrás de manera que hacía visible parte de las orejas. Impresionaba la palidez del rostro de un blanco marfilino y exangüe. Los labios eran ligeramente más oscuros que la piel del rostro, pero sin llegar al color rosa. Las cejas y pestañas parecían de plata. Todo en ello daba idea de suavidad y de pureza. Sus mejillas carecían de barba y eran tersas como las de un niño. Solamente la mirada de sus ojos azules o verdeazules causaba una inquietud singular, un adormecimiento que Jorge Rueda se vio precisado a combatir cuando trató de examinarlo frente a frente.

Algo diferente en las manos de su guía llamó la atención de los muchachos: las uñas no estaban insertadas en los dedos, parecían superpuestas o postizas.

Otro detalle observado: el pelo les nacía más o menos a la mitad de la frente y no tenían entradas. Según pudieron ver los demás seres, eran notablemente parecidos y solo podrías diferenciarlos por el color de los ojos y la expresión de los mismos.

El vestido de los Jupiterianos

El guía iba vestido con un traje que parecía hecho de malla metálica sin brillo y con un tejido a manera de escamas. Le cubriría desde la mitad del cuello hasta los pies, como un mameluco de niños. Las mangas eran largas y les llegaban hasta las muñecas. El vestido no tenía costuras ni botones, cierres, cinturón o adorno alguno.

Los demás tripulantes de la nave espacial y del platívolo vestían trajes semejantes al descrito, solo que en los distintos colores que hemos apuntado anteriormente.

En total vieron a cuatro tripulantes en la sala de máquinas del platívolo, en la cámara de panel aproximadamente a catorce y en la nave espacial a una muchedumbre que ellos hacen ascender a más de tres mil.

Explicaciones y Ordenes Telepáticas

Los muchachos, desde que despertaron en el platillo, se sintieron como bajo una inducción. En ningún momento hablaron entre sí ni con su anfitrión, ni se les ocurrió hacer pregunta alguna. Cuando les hablaba, ellos oían en su cerebro con la voz propia de cada uno de ellos lo que el otro les quería decir.

Las primeras palabras que les hizo llegar fueron para explicarles la función de las máquinas que anulaban el radar y las que hacían invisible al platillo antes de bajar.

Luego les explicó que desde hace cuatro mil años observan a los terrícolas y aseguró que muchos de ellos se confunden con nosotros y ocupan puestos claves en el mundo. No precisó si estos puestos eran de carácter científico o político. Pero sí declaró que Einstein había sido uno de sus eficaces colaboradores.

La voz interior les informó que eran ellos el tercer grupo que visitaba aquella nave; el grupo anterior había sido una familia argentina compuesta por un matrimonio de 18, 14 y 5 años de edad. Los sorprendidos jóvenes vieron las imágenes evocadas, en una especie de revelación.

En ningún momento su guía abrió la boca y solamente en un momento les dio la espalda. En ese momento, Jorge dice haber recobrado su lucidez y recogió un pedazo de metal en forma de S que estaba tirado en el piso de la nave. Inmediatamente, el guía se volvió hacia él y le hizo una reconvención amistosa, pero llena de ironía.

Les hizo saber que aquel metal no tenía igual en la Tierra, que no podía ser modificado por ninguna máquina humana y que antes se derretirían los caloríferos terrestres que hacer subir un grado a aquel metal.

Este metal lo pasó avergonzado Jorge a Iago y finalmente lo perdieron.

Les dijo también que procedían de Ganimedes, el tercer satélite de Júpiter, y que ellos dominaban 700 idiomas y dialectos nuestros. A los platillos les dio el nombre de nawals o naguales. Los autorizó a que contaran su aventura.

Finalmente, les ordenó bajarse y despidió a Paio de mano y les dijo que volverían a verse sin especificar cuándo.

En el lugar del aterrizaje quedó un círculo quemado de 20 o 25 metros de diámetro.

De regreso a nuestro planeta

La voz volvió a sonar enérgicamente dentro de sus cerebros: ¡bájense! Los muchachos que habían sufrido un nuevo desvanecimiento y apenas recuperados de él obedecieron la orden. Volvió a salir el tubo de la parte central de la base del vehículo. El coche estaba como a cien metros de la nave. Siguieron caminando casi ochenta metros por una senda invisible sobre una especie de colchón de aire que los tenía suspendidos a 10 centímetros del suelo. Supieron que el platillo se había ido cuando cayeron al suelo unos veinte metros antes de llegar al coche, el cual instantáneamente prendió las luces, el motor y la radio.

Tal es sumariamente contado el relato que nos hicieron Paio, Iago y Jorge. Muchos de los datos que hemos apuntado los hemos transcrito de la versión que simultáneamente con la nuestra tomó nuestro jefe de redacción, Héctor Dávalos, quien tuvo la gentileza de acompañarnos a la entrevista. Juntos cotejamos nuestras impresiones y apuntes para dar a nuestros lectores una idea lo más fiel posible de la historia fantástica que nos fue relatada por los tres muchachos.

Comentario del editor

Interesante caso ovni sucedido en México en agosto de 1965; tomado de una nota publicada en el diario Novedades de la tarde, y que he podido rescatar de una publicación en la red social Facebook.

Para mi asombro, conocía el caso por algún videopódcast visto en YouTube, pero retomado de manera muy superficial y sin los detalles con que este artículo de diario Novedades de la tarde abordó.

Considero de vital importancia que los casos forteanos sucedidos en México se rescaten y se evite que se pierdan en el olvido, así como que se den a conocer para que las nuevas generaciones de investigadores los conozcan y tengan de referencia. Esto es necesario, ya que lastimosamente muchos se limitan a la bibliografía convencional en libros de referencia.

Además, México es un país que cuenta con una extensa e interesante casuística ovni y de fenómenos inexplicables en su historia; basta con echarse un clavado en los periódicos antiguos de todo el país y nos encontraremos sorprendentemente con una infinidad de notas periodísticas y artículos interesantes.

Por eso, intentaré buscar, investigar y publicar recortes de periódicos y revistas de las décadas pasadas, porque estos ya no se encuentran fácilmente, y mucho menos son publicados en Internet, donde en estos tiempos, donde todo fluye más rápido que el caudal de un río, la información se resume en videos, dejando a un lado las notas periodísticas, artículos de revistas y libros del último siglo, tesoro valioso infravalorado para cualquier investigador del tema.

Seguiré con mi granito de arena rescatando y aportando información valiosa para aquellos investigadores de las nuevas generaciones a los que aún les guste leer e investigar en fuentes alternativas a las “convencionales” en este 2026.

G∴ C∴


Referencias

  • Diario, Novedades de la tarde: Servir con la verdad (jueves 26 de agosto de 1965), ¡Tres jóvenes viajaron en un platillo! (No. 2405 – Año VIII), México, D.F.
  • Salazar Mendoza Alfonso, Guzmán Rojas Carlos Alberto, OVNIS vistos en México, (2012), JULIO 1965, ATERRIZA UN PLATILLO VOLADOR EN ZACATENCO, D.F., PÁGS. (38-40), CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO, TRILCE EDICIONES.
  • Imágenes mejoradas con Nano Banan 2 IA.

= Acerca del autor =

De día soy Maestro en Redes y Telecomunicaciones, Ingeniero en Sistemas Computacionales y Desarrollador Frontend e Investigador de Fenómenos Forteanos por la noche. 🧑🏻‍💻👾👽🛸
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